En medio del siglo XVIII, en el norte de la colonia española en América, en Paraguay, se vivían tiempos de incertidumbre y transformación.
La expulsión de la Compañía de Jesús en 1767, ordenada por el rey Carlos
III, dejó un vacío profundo en las misiones y reducciones guaraníes,
debilitando la estructura religiosa y social que durante décadas había
sostenido la frontera. A esta situación se sumaba la creciente presión de los
portugueses desde la Capitanía de Mato Grosso, que avanzaban sobre territorios
disputados, desafiando la soberanía española en la región del Alto Paraguay.
Ante este escenario, el Cabildo de Asunción autorizó en 1773 una
expedición clave: bajo el mando del gobernador Agustín Fernando de Pinedo, se
organizaría la fundación de una nueva villa que sirviera como bastión defensivo
y núcleo de población estable.
La elección del sitio no fue casual. A orillas del majestuoso río Paraguay,
entre los ríos Ypané y Aquidabán, se hallaba un puerto natural protegido,
rodeado de tierras fértiles, abundante madera y acceso fluvial estratégico.
Allí se asentaría la futura Villa Real de Nuestra Señora de la Concepción de
Costa Arriba.
La expedición partió de Asunción el 27 de abril de 1773. Tras semanas de travesía por caminos difíciles y selvas densas, llegaron al sitio elegido. El acto fundacional se realizó con solemnidad: se celebró una misa oficiada por frailes franciscanos, se bendijo el terreno y se izó el estandarte real de España, marcando oficialmente el nacimiento de la villa. Desde ese momento, los nuevos habitantes comenzaron a levantar chozas, organizar un mercado rudimentario y construir fortines para la defensa del asentamiento.
La Villa Real de Concepción nació con un marcado carácter militar. Su economía inicial se sostuvo en el intercambio de tabaco, yerba mate, ganado y productos agrícolas, aprovechando los recursos naturales de la región. La estructura social se consolidó rápidamente mediante el reparto de tierras a los milicianos y sus familias, creando una base de propietarios que daría forma al desarrollo político y económico de la zona en las décadas siguientes. Así comenzó la historia de Concepción: con fe, esfuerzo y visión estratégica, en el corazón del Paraguay colonial,


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